#MeToo: El acoso y el abuso sexual dentro de las organizaciones sociales*
A Tarana Burke se le quebró el corazón
después de que una niña de 13 años le contó que fue violada en Alabama. Tarana
no supo cómo apoyarla, pero se quedó con el deseo de abrazarla y decirle: me
too (“a mí también”).
Ante esa experiencia, Tarana
Burke inició la campaña #MeToo desde su
página de MySpace en 2006. Ella, quien es una activista que creció en el
mítico barrio del Bronx, ha dedicado su vida a mejorar las condiciones de vida en
comunidades marginales. Buena parte de su trabajo ha sido con niñas y mujeres
afrodescendientes que sufren violencia de todo tipo. Por esa razón, Tarana
fundó #MeToo con la intención de demostrar empatía con otras mujeres, de hacerles
saber que no están solas.
#MeToo se expandió a nivel
mundial después de que Alyssa Milano, actriz estadounidense, usó el hashtag en
2017 para denunciar el acoso sexual dentro del mundo de Holllywood. Desde
entonces, la campaña #MeToo ha ayudado a dimensionar el problema del abuso
sexual y la misoginia. Miles de mujeres han comenzado a alzar la voz y a
hermanarse contra sus depredadores.
En México, #MeToo y campañas
similares (#YoTeCreo, #NoEstasSola, entre otras), han tenido un importante impacto. La
fuerza de estas campañas son fácilmente entendibles en un país donde se cometen
10 feminicidios al día y donde una mujer es violada cada 7 minutos. Los casos de abuso sexual en los círculos del
arte, el espectáculo, el periodismo, e incluso en universidades, donde las
compañeras han denunciado a profesores acosadores, son innumerables.
Lo cierto es que si miramos
en cualquier rincón de la vida social (y
familiar), el acoso y el abuso sexual son una constante ¡aún en los espacios
donde se supone se combaten esas prácticas! Y es justo aquí donde queremos
centrar el debate ¿Qué pasa dentro de las organizaciones del movimiento social?
Las organizaciones sociales son
espacios donde se agrupan personas que quieren trasformar el mundo en un lugar
mejor para el pueblo. Actualmente la mayoría de ellas reivindican la lucha de
las mujeres por su liberación. Sin embrago, cualquier compañera que haya
militado en dichas organizaciones podrá constatar que la dominación patriarcal
es la enfermedad principal.
En México, podemos afirmar que
casi todas las compañeras militantes han sido objeto de alguna forma de
violencia machista y que son bastantes las compañeras que han sido acosadas o
abusadas por algún “camarada”. Muy pocas veces pueden denunciar esas prácticas
al interior de las organizaciones. Y básicamente la justicia nunca se ha hecho
presente frente a tales eventos. Las
razones son múltiples:
Como sucede con las víctimas
frente al Estado, la compañera que denuncia a su agresor no es escuchada; se
oye decir en las asambleas cosas como “Se trata de asuntos personales, no políticos”
“Los pleitos de sábanas no caben aquí”. En otras ocasiones, el depredador es un
dirigente de alto rango que nadie se atreve a enfrentar, por lo que las
compañeras se sienten solas. Incluso, se ha dado el caso de compañeras que
deciden no denunciar para mantener a salvo la integridad de la organización y
del proyecto ante los ataques del enemigo. En todos los casos opera una red de
protección entre los hombres de la organización para diluir el asunto,
invisibilizarlo, calumniar a la compañera o simplemente dejarlo pasar. Ello sin
mencionar los múltiples obstáculos que existen para acceder a espacios de
liderazgo para una mujer, que encuentra a su paso múltiples formas de
violencia, de condicionamientos, todo tipo de desventaja e incluso de
deliberadas formas de impedir que puedan desarrollarse y ocupar los espacios
que en la lucha van construyendo con su trabajo.
Desde este espacio, Juventudes
por la Liberación Nacional, pensamos que las prácticas patriarcales (en donde
se expresa el acoso, el abuso sexual y otras formas de violencia contra las
compañeras) son el veneno de toda organización y de todo proyecto de
transformación. Esas prácticas han significado que las compañeras abandonen los
espacios políticos o su participación de manera subordinada. Eso no tiene
futuro. Una organización así está condenada al fracaso. Dentro de nuestro
diagnóstico sostenemos que la lucha de las mujeres por su liberación es la puerta
para la liberación de la humanidad toda, es la batalla decisiva contra el
capital y el neocolonialismo. Por ello, la crítica y combate a estas prácticas
son necesarias y urgentes. Quien se sienta ofendido tendrá que entender que,
más que un ataque a las organizaciones, es un rescate.
Quizás sea momento del #MeTooMovimientoSocial.
Iniciar con la denuncia y el señalamiento de los depredadores para, después,
forzar la instalación de espacios formales dentro de las estructuras de
nuestras organizaciones donde se pueda escuchar y hacer justicia a las
compañeras, sin que existan represalias contra ellas, donde se sientas seguras.
Generar protocolos para actuar ante eventos de acoso y abuso sexual en las
comunidades donde hacemos nuestro trabajo de base. Esto, definitivamente,
implica una pelea monumental al interior de todas las agrupaciones que se dicen
de izquierda, pero pensamos que no queda de otra. Es retomar el camino consecuente por la transformación
del mundo o iniciar nuevos esfuerzos sin las herencias negativas de quienes nos
anteceden en la lucha social.
Juventudes por la Liberación Nacional
Abril, 2. 2019
*No es objetivo de este artículo
polemizar acerca de las críticas que se han suscitado a #MeToo a raíz del
suicidio de Armando Vega, bajista de Botellita de Jerez, tras ser denunciado
como acosador. Ya tendremos espacio para hablar sobre ello.

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