El avance de las mujeres y la reacción de ultraderecha: México y Brasil en espejo




Por Katia Romero y Andrés Zamora

 
Jair Bolsonaro, actual presidente de Brasil, es conocido como el “Trump de los Trópicos” por sus inclinaciones neo-fascistas.  La misoginia, el racismo, el desprecio a los trabajadores y la homofobia fueron sus principales cartas durante la campaña, lo cual queda resumido en algunas de sus declaraciones: "No te violo porque no te lo mereces" (dirigido para la diputada Maria do Rosário); "Sería incapaz de amar a un hijo homosexual. Prefiero que muera en un accidente”; "No corro ese riesgo porque mis hijos fueron muy bien educados" (al ser cuestionado si alguno de sus hijos se enamorase de una mujer negra); "Es una desgracia ser patrón en este país, con tantos derechos para los trabajadores"; "El error de la dictadura fue torturar y no matar". Aun así, ganó las elecciones con más del 55% de los votos

¿Cómo fue posible el triunfo de Jair Bolsonaro, después de 13 años de gobierno progresista en Brasil? Buena parte de la respuesta se encuentra en la reacción de los varones ante el avance de las mujeres. La explicación a ese fenómeno la encontramos en los trabajos de Rosana Pinheiro-Machado, Doctora en Antropología Social, quien estudió durante 10 años el comportamiento político de comunidades periféricas a las grandes ciudades de Brasil. Ella y sus colaboradores, encuentran que el corrimiento a la ultraderecha de poblaciones que habían apoyado al progresismo brasileño viene dada por dos vías: la movilización popular de mujeres, negros y LGTB en 2013 y la crisis económica de 2014.

La movilizaciones de 2013, además de las reivindicaciones de la comunidad negra y LGBT, iban cargadas de un fuerte componente feminista, de la lucha de las mujeres por su liberación. Ese levantamiento era indicador de que la pelea feminista cotidiana alcanzaba los resquicios de toda la sociedad brasileña. Ante ello, La Dra. Pinheiro descubrió que los varones jóvenes de la periferia sintieron una “pérdida de protagonismo social y la sensación de desestabilización de la masculinidad hegemónica”. Concluye que ellos encontraron un soporte en el bolsonarismo para reaccionar a la nueva generación de feministas. Además, Pinheiro comenta que “muchos maridos apoyaron a Bolsonaro como una forma de agredir a las mujeres, que ahora están más empoderadas”.

En paralelo, la crisis económica de 2014 impactó negativamente a las poblaciones de la periferia que otrora fueron bastión del gobierno progresista. Dichas poblaciones se sintieron abandonadas por el gobierno. Esa desilusión se mezcló con la inestabilidad masculina. La Dra. Pinheiro afirma que “la crisis económica coloca en jaque el papel proveedor de los hombres, que también es amenazado por el ascenso de las mujeres”. Para ella es imposible separar la crisis del macho de la crisis económica, ambas se retroalimentan. 

Sin dejar de lado las propias contradicciones y errores del gobierno del PT que alimentaban el descontento, hay otras aristas para explicar el triunfo de Bolsonaro, como el incremento de los valores individualistas que fortalecen conductas conservadoras o el voto de tantos pobres, negros, mujeres y LGBT que desean parecerse a la élite, como consecuencia de la colonización. Sin embargo, es imposible separar el bolsonarismo del antifeminismo. Fue en la reacción de los hombres ante el avance de las mujeres donde la ultraderecha pudo generar una amplia base social en Brasil. Y es justamente ahí donde queremos centrar nuestro análisis del caso mexicano, pues la política de gobierno de AMLO y las recientes campañas de odio contra las mujeres que denunciaron a sus abusadores través de #MeToo, nos parecen condiciones singularmente semejantes a lo sucedido en Brasil.

En nuestro posicionamiento ya adelantábamos la caracterización del gobierno conciliador de AMLO (que en ese aspecto se asemeja al de Lula en Brasil). Ahí advertíamos que si bien AMLO ha logrado alianzas con una parte de la oligarquía y un apoyo popular extraordinario, existe la amenaza de que la oposición de ultraderecha pueda resurgir de una potencial desilusión de millones de personas que, deseosas de un cambio profundo, depositaron su esperanza en él. En este sentido, la furiosa respuesta de los hombres contra las denunciantes y coordinadoras del #MeToo nos hacen confirmar las posibilidades de éxito que tiene la ultraderecha en México.

El suicidio de Armando Vega Gil, por una denuncia anónima en #MeToo contra su persona, dio principio a una campaña en extremo agresivas contra las coordinadoras de la plataforma. Esa masa de hombres y mujeres que criticaba las denuncias anónimas (amparándose muchas veces en las palabras de Blanche Petrich, Elena Poniatowska y Marta Lamas), poco tardó en convertirse en un sujeto colectivo embriagado de odio contra las mujeres, especialmente feministas. Pareciera que este sujeto colectivo se sintió vulnerado ante el avance de las mujeres en la lucha por su liberación y, arrinconado en la escena pública, encontró en el suicidio de Armando el pretexto adecuado para reaccionar “legítimamente”. Al igual que en Brasil, ese sujeto, que encuentra en este tipo de expresiones el espacio adecuado para expandirse, puede convertirse en el punto de apoyo para que la ultraderecha despliegue su política.

Estamos seguros que los oligarcas de ultraderecha están observando este fenómeno. Basta con invertir algunos millones de pesos para construir una figura mediática que encarne la desestabilizada masculinidad hegemónica y que recoja la desilusión derivada de un potencial fracaso de AMLO, para que la ultraderecha esté en condiciones de competir en las siguientes elecciones presidenciales. Tal como lo hicieron con Bolsonaro, similar a lo que sucedió con Trump. Estos últimos, que podrían parecer un disparate monumental, son en realidad una cuidadosa construcción de las facciones oligárquicas más conservadoras para recuperar el control del Estado y las ganancias. Recordemos que “el Bronco”, un experimento mexicano análogo, se quedó con el 5.5% de los votos en las pasadas elecciones, a pesar de no figurar en la escena pública tan solo unos meses antes y del impulso abrumador de AMLO. 

Aunque pareciera contradictorio en estos aires de cambio que la llamada 4° Transformación ha despertado en la población, la amenaza de que la ultraderecha o el neo-fascismo gane fuerza es una realidad. Es una preocupación de distintos grupos de izquierda. Todos y todas estamos viéndolo. La pregunta es ¿Cuál es el mejor plan para evitarlo? ¿Fortalecer al gobierno de AMLO? ¿Atacarlo?
Desde nuestra perspectiva, la lógica patriarcal podría operar de manera profunda para detonar un potencial movimiento de ultraderecha o neofascista. Por ahora, si AMLO desapareciera del tablero político, la ultraderecha tiene más posibilidades que la izquierda social para hacerse del gobierno. Por ello insistimos en nuestro posicionamiento que impulsar nuestra presencia territorial, reforzar la organización popular, hacernos de los medios adecuados para dar la batalla por el sentido común de la población y, también, tomarnos en serio el combate contra posiciones ultra conservadoras y la dominación patriarcal, dentro y fuera de nuestras organizaciones, son tareas fundamentales del período. Pero la pregunta sigue abierta.

Bibliografía:
1. Pinheiro-Machado Rosana y Mury-Scalco Lucia. 2018. Da esperança ao ódio:Juventude, política e pobreza do lulismo ao bolsonarismo.
(http://www.ihu.unisinos.br/images/stories/cadernos/ideias/278cadernosihuideias.pdf)
2. Entrevista a Pinheiro-Machado Rosana. 2019.
4. Romero Katia y Zamora Andrés. 2019. En defensa del #MeToo
5. Juventudes por la Liberación Nacional. 2019. #MeToo: El acoso y el abuso sexual dentro de las organizaciones sociales


6. Juventudes por la Liberación Nacional. 2019. ¿Qué hacer frente al nuevo gobierno? Posicionamiento.

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